
Saulo de Tarso, lleno de celo por la ley de Moisés, llevaba cartas expedidas por la autoridad más alta del judaísmo, destinadas a las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar detenidos a Jerusalén a cuantos encontrara, hombres y mujeres, seguidores del Camino. El Señor, sin embargo, no se lo permitió. Cuando ya estaba cerca de la ciudad, una luz intensísima lo derribó al suelo y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El joven respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y la voz le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Todo ocurrió en un instante, en el camino de Damasco. Desde entonces, este nombre -Damasco- es sinónimo de conversión, de apertura a la gracia de Dios. Desde aquel momento, Saulo el perseguidor, con la ayuda de un cristiano piadoso de Damasco, Ananías, se convirtió en el apóstol Pablo. Dijo que sí al Señor, libremente, y fue hasta la muerte -con una lucha generosa, alegre- un fiel discípulo y evangelizador de Jesucristo. De alguna manera, se podría decir que cada JMJ es, para muchas y muchos jóvenes, la ocasión de revivir el episodio de Damasco. El Señor Jesús, por boca de su Vicario en la tierra, Benedicto XVI, dirigirá su palabra a quienes le escuchen y provocará -en quienes le oigan bien dispuestos- una nueva conversión, un cambio quizá profundo en su existencia. De esa palabra acogida con fe, pueden nacer millares de decisiones de búsqueda de Jesucristo, sin cambiar de estado -en la vida matrimonial, en el celibato apostólico <b>...</b>
La
Jornada
Mundial
de
Juventud
JMJ
Madrid
2011
un
nuevo
Damasco
scabious