La novia de Cristo 3 de 3

El ojo del Señor advierte cada escena de diversión degradante y de profana disipación. Las palabras y acciones de los amadores del placer pasan directamente de esos antros del vicio al libro de los registros finales. ¿Qué valor tiene para el mundo la vida de esta clase de gente, salvo el de un faro de advertencia para aquellos que desean ser amonestados a no vivir como esos hombres ya morir como muere el necio? (Signs of the Times, 6-1-1876). El cristiano domina su apetito. Ningún cristiano introducirá en su organismo alimento o bebida alguna que entorpezca sus sentidos, o que actúe de tal manera sobre el sistema nervioso que le haga rebajarse a sí mismo o lo incapacite para ser útil. El templo de Dios no debe ser profanado. Las facultades de la mente y del cuerpo deben ser mantenidas en salud para que puedan ser usadas para glorificar a Dios (Manuscrito 126, 1903). Con incesante vigilancia. Los apetitos naturales de los hombres han sido pervertidos por la complacencia. Mediante la satisfacción pecaminosa [sus apetitos] se han convertido en "deseos carnales que batallan contra el alma". A menos que el cristiano vele en oración, está dando rienda suelta a hábitos que debieran ser vencidos. A menos que sienta la necesidad de constante e incesante vigilancia, sus inclinaciones, profanadas y desviadas, serán el medio que los apartará de Dios (Manuscrito 47, 1896). El apetito complacido, enemigo de la perfección cristiana. Es imposible que los que complacen el apetito alcancen <b>...</b>










































